Como ya dije en la anterior entrada, la escapada de la semana pasada al campo era para reconocer la zona y poder volver con una chica a realizar una sesión de retratos. Así que tras un contacto casi fortuito a través del portal Fotoplatino, preparamos la sesión para este fin de semana.
La sorpresa, negativa en este caso, fue que al llegar al lugar el campo de amapolas había desaparecido, el campo había sido arado y tan solo había tierra y más tierra. Pero no hay mal que por bien no venga, como se suele decir, inspeccionamos un poco más la zona con el coche y llegamos a unos viejos trigales con buena altura, donde hicimos las primeras fotos de la tarde.

Conmigo se vino una amiga para ayudarme con el reflector, y tengo que decir que de no haber venido ella, los resultados no hubiesen estado a la altura, en esto de los retratos es casi imprescindible tener el apoyo de alguien, sobre todo en exteriores donde no puedes controlar tú solo la luz.

La segunda parte de la sesión, con otro vestuario, la hicimos en los trigales verdes que si había visto el domingo pasado. Me llevé una silla antigua de madera para intentar hacer alguna foto con ella, y también una pamela que conseguí comprar el mismo día de la sesión, in extremis jejeje
De momento solo tengo estas dos fotos, pero intentaré mostraros alguna más cuando las tenga procesadas, yo estoy contento con los resultados, pero ahora toca seleccionar entre todas y quedarse con las "mejores".
La modelo, Irene Cerezo, un sobresaliente para ella, que estuvo entregada y relajada durante toda la sesión, algo que desde el punto de vista del fotógrafo se agradece mucho.
La sorpresa, negativa en este caso, fue que al llegar al lugar el campo de amapolas había desaparecido, el campo había sido arado y tan solo había tierra y más tierra. Pero no hay mal que por bien no venga, como se suele decir, inspeccionamos un poco más la zona con el coche y llegamos a unos viejos trigales con buena altura, donde hicimos las primeras fotos de la tarde.

Conmigo se vino una amiga para ayudarme con el reflector, y tengo que decir que de no haber venido ella, los resultados no hubiesen estado a la altura, en esto de los retratos es casi imprescindible tener el apoyo de alguien, sobre todo en exteriores donde no puedes controlar tú solo la luz.

La segunda parte de la sesión, con otro vestuario, la hicimos en los trigales verdes que si había visto el domingo pasado. Me llevé una silla antigua de madera para intentar hacer alguna foto con ella, y también una pamela que conseguí comprar el mismo día de la sesión, in extremis jejeje
De momento solo tengo estas dos fotos, pero intentaré mostraros alguna más cuando las tenga procesadas, yo estoy contento con los resultados, pero ahora toca seleccionar entre todas y quedarse con las "mejores".
La modelo, Irene Cerezo, un sobresaliente para ella, que estuvo entregada y relajada durante toda la sesión, algo que desde el punto de vista del fotógrafo se agradece mucho.





